Yo, me, mí, conmigo (o sin mí)

Me agobia mi propia existencia. Me agobia la vida. Me agobia el paso del tiempo, me agobia pensar en lo rápido que pasa y en lo lento que pasa. Me agobia pensar en todo lo que queda de vida aunque me entusiasme, porque pienso que en realidad la vida es un vacío existencial en el que haces cosas porque todavía tienes que vivir 70 años más. Me agobia darme cuenta de que la única finalidad de vivir es pasar el tiempo para luego morir, pues es básicamente la única certeza que tenemos como humanos. Me agobia pensar que voy a vivir el futuro distópico que tanto pavor me da, bien dominado por el dinero o por la tecnología. Me agobia que la gente deje de ser humana, de sentir, de mirar a los ojos y de vivir despacio. Me agobia pensar que voy a tener que vivir según las convenciones sociales que me han tocado. Me agobia pensar que algún día a otro pirado le salga bien un golpe de estado. Me agobia inmensamente pensar que Europa podría convertirse en un solo país, que los distintos países que amo aunque no conozca aún puedan perder su identidad. Me agobia pensar que hay multitud de personas y civilizaciones que han perdido su naturaleza (como mi familia colombiana) para dejarse llevar por la occidentalización. Me entristece pensar que nos acabemos convirtiendo en maquinitas, en clones sin personalidad. Me agobia pensar que podría pasar lo de Gattaca, o lo de Un Mundo Feliz. O quizás lo de Her, o lo de wall-e. O lo de Los Juegos del Hambre, o lo de Divergente. Me agobia y entristece a partes iguales que la humanidad esté perdiendo lentamente su norte, que estén perdiendo lo que les hacen humanos. Me enfurece y entristece a partes iguales pensar que los que nos gobiernan no tienen ningún interés en nosotros, que no quieren que pensemos, que seamos creativos, que nos expresemos libremente. Me enfurece y entristece que quieran convertirnos en máquinas fabricadoras de dinero, como tiempo atrás, en personas no pensantes dominadas por el dogmatismo y el conformismo. Me asusta profundamente el conformismo de la gente (algo que se ha visto acrecentado cuando he sabido del llamado síndrome de la rana hervida, una teoría que han desarrollado autores como Olivier Clerc y Marty Rubin y cuya similitud con la realidad no para de asombrarme). Me asusta, agobia y entristece a partes iguales pensar que la ciencia, la investigación, la música, la literatura, el arte y la cultura en su conjunto estén siendo menospreciadas hasta ser llevadas por los que nos gobiernan a un plano lejano, de ínfima importancia, sin ningún tipo de expresión libre ni desarrollo de las mismas. Me agobia pensar que en realidad nunca voy a ser feliz porque soy una persona tóxica dominada por mi propia existencia. Me agobia más pensar que lo he asumido y no me importa. Así que huyo de mi pasado, de mi presente y de mi futuro. Como si pudiese huir de mí misma o algo.

C.

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