Historia de una camiseta.

Me acuerdo de cuándo la vi por primera vez. Hace aproximadamente dos años, cuando estaba saliendo con él y paralelamente entraba y salía de depresiones de las mías. Me pareció un choque de realidad que necesitaba tener. Me hacía sentir pequeña, como que mis bajonas no eran tan big deal. Me encantaba. Me parecía la mejor camiseta del mundo. Jurao.

La he rescatado hoy, tras meses sin ponérmela. La he mirado, irónica como es ella, y me ha hecho gracia; esa gracia que es ácida y que, en realidad, no tiene ni puta gracia. Y me he acordado del universo y me he cagado en todos sus muertos. Ahora no sé si quemarla o usarla de paño para las lágrimas. Qué hija de puta ella. Lo más gracioso es que la llevo puesta; a ver si con el zasca asimilo mejor. Todo parece indicar que no.

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C.

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