Creo que esta foto nunca dejará de ponerme los pelos de punta.

Vista aquí.

©Lusi Photography

© Lusi Photography

Advertisements

Reflexiones intensificadas post-Divergente.

Hay un pensamiento que lleva atormentándome durante hace bastante tiempo. A menudo intento apartarlo de mi cabeza, como si pudiese girarle la cabeza y seguir andando; cuanto más lo intento, peores son sus manifestaciones nocturnas. No paro de pensar en el futuro fatal de la humanidad, en cómo precisamente estamos perdiendo aquello que nos hace humanos (humanidad en sí misma) a manos de qué, ¿dinero? ¿la buena vida? No logro entenderlo. Y esto me lleva a preguntarme qué lleva a una minoría de artistas, cada vez más creciente, a recrear futuros –cuanto menos–distópicos. Libros como Un mundo felizDivergenteLos juegos del hambre; películas como HerGattakaJust in time… ¿Es que nadie más se da cuenta? ¿Es que a nadie le preocupa? Me encuentro a mí misma teniendo sueños horrorosos que desaparecen en cuanto me despierto de golpe, consciente de lo que estoy soñando y negándome a volver a dormirme. ¿Por qué a nadie más le preocupa el futuro de la humanidad? ¿Por qué tengo verdaderas crisis existenciales sobre esto cuando al resto parece no importarle lo más mínimo que estemos perdiendo el norte? ¿Por qué nadie va a impedir que este sea el futuro al que acabemos sucumbiéndonos sin ningún tipo de resistencia? ¿Por qué no se nos ponen a todos los pelos de punta cuando se habla de la posibilidad de que se haya creado el SIDA en un laboratorio para obtener beneficios con el medicamento para no morir por él, cuando se habla de que se ha logrado crear vida artificial tras la reproducción total de un genoma de la levadura, cuando se habla de quitar la sanidad pública, cuando se corta la luz sin ningún reparo por el simple y llano dinero? ¿Por qué? Verdaderamente no logro entender por qué a nadie más le preocupa, por qué la mayoría de la gente está esperando deseosa un futuro así. En fin. Demasiado sueño para decir cosas coherentes. Fin de la reflexión.

C.

 

“Quizás ya he aprendido a vivir con todos los te quiero que no te dije.”

"Las cosas que me quedé sin decirte"

Así me siento, y todavía no te he vuelto a ver. He desaprendido a querer, no he vuelto a decir te quiero porque te llevaste mis ganas de querer. Ahora… bueno, ahora huyo. Huyo de querer, huyo porque me agobio, porque me asfixio,porque tengo miedo, porque sigo siendo tan frágil como siempre, porque yo no soy yo. Porque ya no existe yo, porque tengo que reconstruirme de cero, de los pedacitos que dejaste cuando te fuiste con ese “no quiero que nos volvamos desconocidos” que se llevó el viento. Porque finjo como si no me importase nada, como si no estuviese rota, como si no buscase tu pecho para apoyar mi cabeza y tu brazo rodeándome. Como si no me doliese que quieras a otra, como si pudiese tragarme esos te quiero que eran tuyos y ahora no me dejan respirar.

“He olvidado como se duerme sin ti”  “Lo peor fueron los te quiero. Aún los sigo llevando escondidos en diferentes rincones de mi cuerpo. Porque esos no se pueden tragar, no se merecen ser escupidos y no son intercambiables, no se los puedes decir a nadie más.” “Quizá ya he aprendido a vivir con todos los te quiero que no te dije”.

C.

Recuerdos, recuerdos…

Me hace gracia cómo mi cerebro está en un sprint de recuerdos, de sensaciones, de detalles insignificantes nonstop. Me hace gracia cómo llevo dos meses de locura, dos meses de absoluta locura. Me hace gracia cómo saldría corriendo cada dos por tres, cómo me dejo llevar por algunos impulsos que me hacen quedar como una psicópata patética. Me hace gracia cómo “no me eches de tu vida”, cómo “tengo miedo de que nos volvamos desconocidos”, cómo “si lo consigo con alguna podrán pasar dos cosas: que me dé cuenta de que no te necesitaba tanto, de que puedo vivir con otras, o por el contrario que me dé cuenta de que es a ti a quien necesito” ya tiene respuesta. Me hace gracia cómo creo que he recuperado el control de mi salud mental y al segundo siguiente vuelvo a estar sumida en el más absoluto caos mental. Me hace gracia cómo ayer abracé su pingüino para dormirme porque sino no conseguiría dormirme ni loca. Ni loca, curiosa expresión. Hace tanto que rocé la locura que digo que me hace gracia por no echarme a llorar. Me hace gracia cómo no me hace gracia nada de lo anteriormente mencionado.

C.

Días de hospital… otra vez.

No me gusta ir a hospitales. Eso es una realidad. El único motivo por el que iría a un hospital encantada de la vida es para ver a un recién nacido. Y sin embargo, hoy he ido. Por el simple hecho de que no podía aplazarlo más, y por cumplir uno de mis propósitos (véase no dejar de hacer cosas que harían que me arrepintiese de no haberlas hecho, expresado como la mierda pero creo que se ha entendido). Porque me horrorizaba la idea de que otro de mis abuelos se muriese sin haberme despedido de ellos por aborrecer ir a hospitales. Desde mi abuela, para mí los hospitales significan muerte. Es triste, lo sé. No debería ser así. Whatever. Mi abuelo hoy estaba bastante mejor de lo que me esperaba (a pesar de sus constantes comentarios de yo aquí me muero). Hoy le daban el alta, así que bien. Y eso, que me he puesto a hacer fotos. Que los hospitales no me gustan pero al parecer me inspiran para hacerles fotos, o algo así. Ya me callo.

IMG_5087 IMG_5089 IMG_5090 IMG_5092 IMG_5093 IMG_5094 IMG_5095 IMG_5096 IMG_5098 IMG_5100 IMG_5101

C.